La Visión Natural no la encontré yo. Fue ella quien me encontró a mí.
Durante más de cuarenta años pensé que las gafas eran simplemente parte de mí. Hoy sé que fueron ellas las que me llevaron hasta los ojos.
Las gafas y yo éramos una
Durante más de cuarenta años llevé gafas. Y cuando digo que las llevaba, quiero decir que las llevaba prácticamente todo el tiempo.
Me levantaba con ellas. Trabajaba con ellas. Conducía con ellas. Leía con ellas. Veía la televisión con ellas. Alguna vez llegué incluso a entrar en la ducha con ellas puestas.
Solo me las quitaba para dormir.
«Espera, que me ponga las gafas, que si no no te escucho.»
Lo decía en serio. Hoy me hace gracia recordarlo, pero entonces no me parecía extraño: era mi normalidad.
Habían dejado de ser un objeto: eran una extensión de mí.
Hasta que un día me cansé
No hubo un gran acontecimiento. No tuve una revelación. No sabía absolutamente nada sobre la Visión Natural, ni sobre sus métodos, ni sobre que existiera todo un mundo alrededor de la educación visual. Ni siquiera estaba buscando una alternativa.
Simplemente estaba cansada de las gafas. Empecé a quitármelas en casa, me sentía más cómoda sin ellas y poco a poco me acostumbré a ver con cierta borrosidad. Sin darme cuenta, algo estaba cambiando.
Con el tiempo noté que, cuando las usaba para conducir o para trabajar, ya no veía igual con ellas. Pensé que necesitaba cambiar de graduación: fui a la óptica, cambié de gafas y volvió a suceder.
Me las pongo. Me las quito. Me las vuelvo a poner. Me las vuelvo a quitar.
Hasta que un día desaparecieron. Yo siempre digo que apareció un duendecillo y decidió llevárselas.
Aquella vez no fui a comprar otras.
No iba a comprar más gafas. Y no tenía ni idea de lo que acababa de empezar.
No estaba buscando la Visión Natural
Sería muy fácil contar esta historia diciendo «descubrí la Visión Natural y decidí quitarme las gafas». Pero fue justo al revés.
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Primero
Me cansé de las gafas
Ningún método, ninguna teoría. Solo la incomodidad de depender de un objeto durante todo el día.
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Después
Experimenté conmigo misma
Quitármelas en casa, después también en el trabajo, y observar sin prisa qué ocurría cuando dejaba de corregir.
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Más tarde
Aparecieron las preguntas
Por qué veía distinto según el día, por qué me cansaba, qué estaba ocurriendo realmente ahí dentro.
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Y solo entonces
Descubrí la Visión Natural
Un mundo entero de educación visual que llevaba décadas existiendo y que yo desconocía por completo.
No la encontré buscando una solución. La encontré buscando respuestas.
Siempre he necesitado comprobar las cosas
Nunca me ha gustado quedarme con la primera respuesta. Si alguien me dice algo, mi primera reacción suele ser la misma: «¿será verdad?». Y entonces quiero saber más.
Y saco mis propias conclusiones. No significa desconfiar de todo: significa aprender a pensar, hacerse preguntas, observar la propia experiencia y no aceptar algo simplemente porque alguien lo diga.
Esa forma de acercarme al conocimiento terminó convirtiéndose también en mi manera de entender la educación visual.
No me creas. Compruébalo.
No es un lema. Es una forma de aprender: hacerse preguntas, observar la propia experiencia y sacar conclusiones propias. Y es la misma que quiero compartir contigo.
Susana de la Cruz
Y entonces empecé a estudiar
Cuanto más aprendía, más preguntas aparecían. Conocí autores, métodos y formas de entender la visión muy distintos entre sí, y encontré a personas que llevaban años estudiando y enseñando desde perspectivas que yo desconocía.
- Teresa Pellejero
- Martin Brofman
- Aldous Huxley
- Meir Schneider
- Ainhoa de Federico
- Carme Llimargas
- Marina Montiel
- Teresa Baró
- Brian Tracy
- Lain García Calvo
- Fran Suárez
Cada una, desde su ámbito, ha aportado algo a mi manera de aprender, de observar o de comunicar. Pero no quiero convertirme en una copia de ninguna: todo lo que aprendo pasa por mi propia experiencia, por mis preguntas y por mi manera de conectar conocimientos.
Una de las cosas que más disfruto es encontrar conexiones donde aparentemente no las hay.
Y cuanto más aprendía, más me enamoraba de los ojos
Pensaba que iba a aprender sobre cómo ver. Terminé enamorándome de cómo funciona la visión: de la complejidad de los ojos, de su relación con el cerebro, de cómo utilizamos la atención, de la importancia del movimiento, la respiración, el descanso y los hábitos.
Los ojos no están separados del resto de nosotros.
No son una pieza independiente. Forman parte de una persona que vive, siente, se mueve, descansa, se alimenta, piensa y experimenta el mundo. Y entonces comprendí que la educación visual podía ser mucho más amplia de lo que yo había imaginado.
Visión Natural no nace de querer decirle a nadie «yo tengo la solución». Nace de una pregunta:
¿Por qué nadie nos ha enseñado a cuidar nuestra visión?
Nos enseñan a cuidar:
- Los dientes
- La piel
- El cuerpo, con ejercicio
- La alimentación
- El descanso
- Los ojos casi siempre, solo cuando ya existe una dificultad
Y yo quiero cambiar esa conversación. Quiero que podamos hablar de visión antes de que aparezca el miedo, y que aprender a cuidar los ojos pueda formar parte de nuestra educación y de nuestros hábitos cotidianos.
No para sustituir a los profesionales sanitarios. No para negar la medicina. No para prometer milagros. Para educar.
Sueño con un mundo en el que hablar de visión sea tan natural como hablar de alimentación, ejercicio o descanso; en el que nadie tenga que esperar a que aparezca un problema para empezar a prestarles atención.
Quiero acercar la educación visual a las personas. Ése es mi propósito.
Soy educadora visual
Ése es el lugar desde el que quiero construir. No quiero presentarme como alguien que tiene todas las respuestas, porque no las tengo. Y tampoco quiero tenerlas.
Quiero seguir aprendiendo, seguir investigando, seguir haciéndome preguntas y compartir aquello que voy descubriendo. Por eso mi formación y mi camino están orientados hacia la educación visual y el acompañamiento como coach visual, ampliando progresivamente mis conocimientos para comprender cada vez mejor la relación entre visión, cuerpo, hábitos y persona.
Mi intención no es que dependas de mí. Es exactamente la contraria: quiero enseñarte para que cada vez necesites menos que alguien piense por ti.
Y soy curiosa. Mucho.
A veces incluso demasiado. Me interesa la visión, pero también la neurociencia, las emociones, el movimiento, la comunicación, el desarrollo personal o la nutrición. Y sí, también me interesa la astrología. Me gusta aprender cosas diferentes:
- He cosido
- He montado a caballo
- He hecho pole dance
- He bailado merengue
- He cuidado gallinas y gatos
- Campericé la furgoneta Estrellita
No lo cuento porque tenga relación directa con la visión. Lo cuento porque explica quién soy: me gusta aprender cómo funcionan las cosas, me gusta experimentar, me gusta hacer y, sobre todo, me gusta conectar lo que aprendo.
Pero aprender no significa creerlo todo.
Mi curiosidad tiene un límite muy claro: quiero comprender. No me interesa acumular información, sino saber qué sentido tiene, qué puedo comprobar, qué puedo aplicar y qué puedo compartir.
No todo lo que se dice sobre la visión es cierto. No todo sirve para todas las personas. Y no todo lo que le funciona a alguien tiene por qué funcionar igual para otra. Por eso prefiero decir «vamos a aprenderlo» antes que «yo tengo la verdad».
«Nada se hará en ti sin ti.»
Esta frase de mi querida profesora representa una parte esencial de mi manera de entender el acompañamiento. Puedo enseñarte, explicarte, acompañarte y darte herramientas. Pero no puedo hacer el proceso por ti.
- Puedo enseñarte ejercicios, pero no puedo hacerlos por ti.
- Puedo hablarte de alimentación, pero no puedo comer por ti.
- Puedo hablarte de descanso, pero no puedo dormir por ti.
Tu participación es imprescindible. Porque cuidar la visión no debería convertirte en una persona dependiente de alguien que te diga constantemente qué hacer. Quiero que aprendas, que comprendas, que observes, que experimentes y que tomes decisiones conscientes.
No quiero crear creyentes
Hoy sigo estudiando, sigo aprendiendo y sigo haciéndome preguntas. Y cuanto más aprendo, más consciente soy de todo lo que todavía no sé. Pero ya no me preocupa: he descubierto que quizá el objetivo no sea tener todas las respuestas, sino no dejar nunca de hacerse preguntas.
Quiero crear personas curiosas. Personas que se hagan preguntas, que quieran conocer mejor sus ojos, que no se resignen a no saber y que entiendan que cuidar su visión también puede ser una responsabilidad propia.
Soy Susana de la Cruz
No me creas. Compruébalo.
Si has llegado hasta aquí, probablemente ya sabes algo de mí.
- No quiero que me creas. Quiero que aprendas.
- No quiero decirte que tengo todas las respuestas. Quiero seguir buscándolas contigo.
- No quiero crear dependencia. Quiero ayudarte a ganar autonomía.
- No quiero que tengas miedo de tu visión. Quiero que puedas comprenderla mejor.
Y, sobre todo, no quiero enseñarte simplemente a ver.
Quiero enseñarte a mirar.